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23 febrero 2006

VIENTOS ANCESTRALES





EN AIRES DE INOCENCIA


Quince de Abril de 1931, en el prado de Berxelos, convocados por el sonido de la gaita y el acordeón, difundidos en los vientos primaverales, hombres, mujeres y niños celebran espontáneamente el triunfo de la República.
Los sones del acordeón de Manel de Chousa, el gaiteiro de Paradela, junto con los acordes de Nuno, el más afamado y virtuoso de los gaiteros, dan rienda suelta a su imaginación, surgen los compases musicales llenos de alegría. La juventud, eufórica y frenética, baila sin descanso, en libertad.

Ramón Foucelas no aparta la mirada de Adela, la contempla con arrobo, embelesado sin recato, ¡Que guapa es su prima! ¡y qué bien baila Enrique; hacen buena pareja, disfrutan de su juventud, están en su luna de miel y él no puede evitar un rictus de envidia, leve y resignado, consciente de la imposibilidad de su amor. Además, sin saberlo, él destino le tenía asignadas otras tareas...

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