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05 septiembre 2007

EN BUSCA DE UN HEREJE


Quiero desatar y quiero ser desatado
Quiero salvar y quiero ser salvado.
Quiero ser engendrado.
Quiero cantar: cantad todos.
Quiero llorar: golpead vuestros pechos.
Quiero adornar y quiero ser adornado.
Soy lámpara para ti, que me ves.
Soy puerta para ti, que llamas a ella.
Tú ves lo que hago.
No lo menciones.
La palabra engañó a todos,
pero yo no fui completamente engañado.

AMANGON

En otro mundo, en un país lleno de hadas vírgenes, guiadoras de caminantes errantes, Amangon fue condenado a abandonar el reino por abusar de una de ellas; estéril y yermo, sufre castigo sin fin, convertido en buscador de herejes; el vagar, el errar es lo propio del hereje, por ello va en busca de errantes, debe descubrirlos, apresarlos, sin resultar apresado, tiene que recorrer el mundo, desde el presente al pasado sin utilizar sus mágicos poderes.
Ahora, Amangon, influenciado por la cultura y las costumbres de los antepasados Hispanos, en el siglo IV, debe encontrar herejes y practicas de herejías...y, milagro, él me narro como se encontro con Prisciliano:

Inicio la búsqueda, llevando del ramal el caballo de la imaginación, caminando ensimismado, sin encontrar acomodo, incapaz de progresar con pasos cortos e inseguros, hasta que, el genio de las ideas, le susurró: Amangon, monta, dejate llevar, así fue como se acercó a Iria Flavia, a lomos de la imaginación.
Fue depositado con suavidad en el monte Libredón. Llegó al centro del esoterismo de la Galicía de aqueĺ tiempo, a la diócesis más noroccidental del cristianismo Hispanoromano, a la ciudad enclavada en la desembocadura de los ríos Ulla y Saar, la urbe a la que llevaron los legionarios romanos la fe cristiana desde Legio a través de Lucus Augusta, y allí, en las proximidades del Olimpo celta, levantaron su Iglesia, eligieron su obispo y difundieron su fe, no sin problemas, pues fueron objeto de reiteradas persecuciones que no cesaron hasta la promulgación del edicto de Milán.

Dio descanso al imaginario caballo para atender la llamada de la curiosidad, atraído por las estrellas, extasiado en su observación, en una lluvia de fugaces, encontró un agujero en el firmamento, entre Casiopea y el Arado, una ventana estelar en la Vía Láctea, en la que aparecían de forma intermitente, sucesiones de imágenes que mostraban un manuscrito en el que podía leer como en un libro.

Preso de excitación, alzó la tapa y apareció la figura de un hombre de alta estatura, blonda melena, barba larga, ojos verdes y noble ademán, su rostro de agradables facciones, irradia bondad.
La magia de Prisciliano le alcanzó leyendo en las estrellas, mostrandole vida, estalló en su cerebro, como el pensamiento que acude para llenar el vacío de los sentidos, afloró el milagro de la palabra y con voz profunda, segura y armoniosa, clamo:

Sé que eres, Amangon, castigado a buscar de herejes, estoy ante ti fruto de la ilusión, ella ha hecho posible este encuentro; tienes la oportunidad de conocer y recuperar la parte de mi vida que a sido borrada de los escritos de los hombres, muchas veces enterrada, para que sobre mi tumba, pudieran crecer sus ideas y borrar mi memoria. Hay incluso algunos que sobre mi fosa han edificado leyendas insostenibles en el tiempo, enterrando con mentiras la verdad.
Conserva la ilusión, no te separes del tiempo en el que estas condenadoa a vivir, no abandones la creencia en mi inocencia , y acudiré a ti, para contare donde nací y crecí, cual fue mi adolescencia como fue mi vida...tu buscador de herejes y que como tal me tienes, puedes y debes hacerme justicia, por ello empezaré con lo que muchos han supuesto; nací en Galicía, algunos lo niegan, afirman incluso, sin pudor, que no pise las tierras gallegas, se atreven en atribuirme maldades sin reparar en contradicciones, también los hay que exageran mis virtudes.
Mis enemigos, irreconciliables, Hydacio de Emérita é Itacio de Ossonoba, dedicaron su vida a combatir mis ideas, aprovechando sin escrúpulos, todas las oportunidades, licitas e ilícitas, recurriendo a la mentira y a la calumnia. No dudando en utilizar las leyes romanas, aunque, muchas veces se vuelvan contra ellos. Vierten acusaciones de gnóstico, maniqueo, hereje y muchas más difamaciones que iras descubriendo.

Comenzaré por decirte que vine al mundo el diecisiete de las calendas de febrero del 329, en la Quinta Herminia, entre la alegría y expectación de esclavos, libertos y clientes. Fui acogido en los brazos de mi padre, tribunus laticlavius, en la ceremonia sublatus, de no haber sido así, el Páter familias, dueño del hogar y de todos sus miembros. podía haberme abandonado para que muriera, hecho que podía darse en las familias romanas, aunque rara vez sucedía.
Nueve días después me inscribieron en el censo, como establecían las normas romanas, con el nombre Marcio Julio Prisciliano.

Quinta Herminia es una de las grandes propiedades de mi padre, está ubicada en la margen izquierda de la vía que une Iria con Luccus Augusta y que discurre paralela al río Ulla, a una jornada de camino de IriaFlavia.

Si te interesa leer integramente la historia puedes hacerlo en:
4336084 EN BUSCA DE UN HEREJE