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22 octubre 2007

A QUIXOTE IN THE MILKY WAY


VERSION EN INGLES

In a place in La Mancha—or not far from there—a Galician peasant, cultivator of his own plot, grower of green and far meadows, dreamed, while looking at the Starry plough of living the best and grandest of
adventures. Observing the Milky Way, dreaming about the fugacity of the stars, he seized the reins of the fastest horse he owned, his thought, and without doubting it, mounted. He started rocking in the wind of the willows, surrounded by spring holly, and rode over the peaks of the Galician mountains looking for freedom. In his best suit of armor, his mind spurred on, he defeated the bridge building, the Roman overlord, and induced his mind to believe with the golden waters of forgetfulness, prostrating himself before the heavenly sun thinking of the end of the world. He rode through the bad auguries that traveled the strong winds, avoided the riders carrying misadventure, crossed, rapidly, stormy clouds with his caracalla cape flapping in the wind, then he lowered his eyes to the ground and found the City. Therein was constructed a majestic temple, a multitude of people walked its streets without rhyme or reason, on foot, unhappy, lacking imaginary horses and worse, lacking fantasy. He observed with care people dressed as priests, soldiers, and politicians, believing themselves leaders of all, ordering and ruling in their own image and likeness. Together in the City they imposed their criteria, ignoring those who did not think like themselves. At their side, elbow to elbow, stood caciques full of envy, without scruples, exploiting misery and poverty. Shepherds and farmhands, men and woman from other lands, attracted to the false splendor of wealth, responded to the search for progress and upon finding gentlemen on horseback, were subdued, humiliated, thrown off the horse of illusion and forced to ride the hacks and nags of submission and surrender. Thought reared up with a refulgent shine, it stepped like a farmer plowing a tiny plot, holding an archaic Roman plough, full of love for his seeds, without discrimination for race, gender, or religion. He saw himself, how poor he was, owning not even an ass nor a sorry nag, with little to live with, but he survived and thus, when dismounting from thought, anxious about equality, he discovered that he had confused the barking of his shepherd dog with that of a racing hound.

Con mi gratitud a jacquelinebautista

por su gentil traducción

VERSION EN CASTELLANO

En un lugar de la mancha, ó no muy lejos de allí,
un labrador del agro gallego, cultivador de su propia huerta, regador de verdes y ajenos prados, soñaba, mirando el arado estelar, con vivir las mejores y más grandes aventuras. Contemplando la Vía Láctea, ensimismado en la fugacidad de las estrellas, asió las riendas del caballo más veloz que poseía, el pensamiento, y sin dudarlo, montó en él. Arrancó mecido en el viento de los salgüeíeros, rodeado del orballo primaveral, cabalgó sobre las cimas de los montes galaicos en busca de la libertad.
Ataviado con su mejor armadura, espoleando su mente, derrotó al constructor de puentes, al romano avasallador, lo indujo a las creencias en las doradas aguas del olvido y a postrarse ante el astro sol pensando en el fin del mundo. Sorteó los malos augurios que cabalgaban el los fuertes vientos, esquivo los jinetes portadores de desventuras, atravesó, velozmente, borrascosas nubes con su capa caracalla ondeando al viento, bajó la mirada al suelo y encontró la ciudad. En la urbe construida entorno a un majestuoso templo, multitud de personas andaban por sus calles sin acierto ni concierto, a pie, desdichados, desprovistos de caballos imaginarios y más aún, sin fantasía. Observó, detenidamente, gentes vestidas con uniformes de curas, militares y políticos, quienes creyéndose amos del mundo, ordenaban y regían a su imagen y semejanza. Agrupados en el burgo, imponían sus criterios, ignorando a los que no pensaran como ellos. A su lado, codo con codo, caciques llenos de codicia, exentos de escrúpulos, explotaban la miseria y la pobreza. Pastores y labradores, hombres y mujeres venidos de otras tierras, atraídos por el falso resplandor de la riqueza, acudieron en busca del progreso, al encuentro de hidalgos caballeros, fueron sometidos, humillados, apeados del caballo de la ilusión y obligados a montar en los potros y jamelgos de la sumisión y entrega. El pensamiento encabritado por un fulgurante destelló, tropezó con un labriego arando una minúscula tierra, sujetando un arcaico arado romano, lleno de amor hacía sus semejantes, sin marginarlos por raza sexo ó religión. Se vio a si mismo cuan pobre era, ni asno ni rocín poseía, poca cosa para vivir tenía, pero subsistía, y fue entonces, cuando, apeándose del pensamiento, ansioso de igualdad, descubrió que había confundido los ladridos de su perro pastor con los de un galgo corredor.

para ver más vento nas xestas
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VIENTOS DEL NEIRA

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ALDEA DE POL
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BITÁCORA-BRÚJULA DE JUBILADO
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05 septiembre 2007

EN BUSCA DE UN HEREJE


Quiero desatar y quiero ser desatado
Quiero salvar y quiero ser salvado.
Quiero ser engendrado.
Quiero cantar: cantad todos.
Quiero llorar: golpead vuestros pechos.
Quiero adornar y quiero ser adornado.
Soy lámpara para ti, que me ves.
Soy puerta para ti, que llamas a ella.
Tú ves lo que hago.
No lo menciones.
La palabra engañó a todos,
pero yo no fui completamente engañado.

AMANGON

En otro mundo, en un país lleno de hadas vírgenes, guiadoras de caminantes errantes, Amangon fue condenado a abandonar el reino por abusar de una de ellas; estéril y yermo, sufre castigo sin fin, convertido en buscador de herejes; el vagar, el errar es lo propio del hereje, por ello va en busca de errantes, debe descubrirlos, apresarlos, sin resultar apresado, tiene que recorrer el mundo, desde el presente al pasado sin utilizar sus mágicos poderes.
Ahora, Amangon, influenciado por la cultura y las costumbres de los antepasados Hispanos, en el siglo IV, debe encontrar herejes y practicas de herejías...y, milagro, él me narro como se encontro con Prisciliano:

Inicio la búsqueda, llevando del ramal el caballo de la imaginación, caminando ensimismado, sin encontrar acomodo, incapaz de progresar con pasos cortos e inseguros, hasta que, el genio de las ideas, le susurró: Amangon, monta, dejate llevar, así fue como se acercó a Iria Flavia, a lomos de la imaginación.
Fue depositado con suavidad en el monte Libredón. Llegó al centro del esoterismo de la Galicía de aqueĺ tiempo, a la diócesis más noroccidental del cristianismo Hispanoromano, a la ciudad enclavada en la desembocadura de los ríos Ulla y Saar, la urbe a la que llevaron los legionarios romanos la fe cristiana desde Legio a través de Lucus Augusta, y allí, en las proximidades del Olimpo celta, levantaron su Iglesia, eligieron su obispo y difundieron su fe, no sin problemas, pues fueron objeto de reiteradas persecuciones que no cesaron hasta la promulgación del edicto de Milán.

Dio descanso al imaginario caballo para atender la llamada de la curiosidad, atraído por las estrellas, extasiado en su observación, en una lluvia de fugaces, encontró un agujero en el firmamento, entre Casiopea y el Arado, una ventana estelar en la Vía Láctea, en la que aparecían de forma intermitente, sucesiones de imágenes que mostraban un manuscrito en el que podía leer como en un libro.

Preso de excitación, alzó la tapa y apareció la figura de un hombre de alta estatura, blonda melena, barba larga, ojos verdes y noble ademán, su rostro de agradables facciones, irradia bondad.
La magia de Prisciliano le alcanzó leyendo en las estrellas, mostrandole vida, estalló en su cerebro, como el pensamiento que acude para llenar el vacío de los sentidos, afloró el milagro de la palabra y con voz profunda, segura y armoniosa, clamo:

Sé que eres, Amangon, castigado a buscar de herejes, estoy ante ti fruto de la ilusión, ella ha hecho posible este encuentro; tienes la oportunidad de conocer y recuperar la parte de mi vida que a sido borrada de los escritos de los hombres, muchas veces enterrada, para que sobre mi tumba, pudieran crecer sus ideas y borrar mi memoria. Hay incluso algunos que sobre mi fosa han edificado leyendas insostenibles en el tiempo, enterrando con mentiras la verdad.
Conserva la ilusión, no te separes del tiempo en el que estas condenadoa a vivir, no abandones la creencia en mi inocencia , y acudiré a ti, para contare donde nací y crecí, cual fue mi adolescencia como fue mi vida...tu buscador de herejes y que como tal me tienes, puedes y debes hacerme justicia, por ello empezaré con lo que muchos han supuesto; nací en Galicía, algunos lo niegan, afirman incluso, sin pudor, que no pise las tierras gallegas, se atreven en atribuirme maldades sin reparar en contradicciones, también los hay que exageran mis virtudes.
Mis enemigos, irreconciliables, Hydacio de Emérita é Itacio de Ossonoba, dedicaron su vida a combatir mis ideas, aprovechando sin escrúpulos, todas las oportunidades, licitas e ilícitas, recurriendo a la mentira y a la calumnia. No dudando en utilizar las leyes romanas, aunque, muchas veces se vuelvan contra ellos. Vierten acusaciones de gnóstico, maniqueo, hereje y muchas más difamaciones que iras descubriendo.

Comenzaré por decirte que vine al mundo el diecisiete de las calendas de febrero del 329, en la Quinta Herminia, entre la alegría y expectación de esclavos, libertos y clientes. Fui acogido en los brazos de mi padre, tribunus laticlavius, en la ceremonia sublatus, de no haber sido así, el Páter familias, dueño del hogar y de todos sus miembros. podía haberme abandonado para que muriera, hecho que podía darse en las familias romanas, aunque rara vez sucedía.
Nueve días después me inscribieron en el censo, como establecían las normas romanas, con el nombre Marcio Julio Prisciliano.

Quinta Herminia es una de las grandes propiedades de mi padre, está ubicada en la margen izquierda de la vía que une Iria con Luccus Augusta y que discurre paralela al río Ulla, a una jornada de camino de IriaFlavia.

Si te interesa leer integramente la historia puedes hacerlo en:
4336084 EN BUSCA DE UN HEREJE